LLMAGAZINE

Revista digital del IES Las Lagunas

A fondo

Libertad por encima de todo

La regulación de la eutanasia para enfermos incurables tiene en España un amplio apoyo ciudadano. Así lo indican todas las encuestas. La más reciente, realizada por Metroscopia en 2017, dice que el 84% de los encuestados es partidario de permitir la eutanasia en caso de enfermedad incurable (El País, 2 de abril de 2017). Por tanto, ¿debe ser legal la eutanasia? ¿puede realmente una persona en estado evidente de gravedad, hacer una petición independiente y libre de solicitar que se le practique la eutanasia?

 

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Las personas somos dueñas de nosotras mismas y, por tanto, deberíamos tener el poder y capacidad de elegir. La autonomía del paciente, sin embargo, es un elemento importantísimo de su dignidad, pero no debe ser el único hecho relevante en esta decisión, puesto que también podría afectar, por ejemplo, a personas con diversidad funcional, o que dependan de otras. De ahí que desde el punto de vista moral se puedan plantear dudas sobre la aplicación de la eutanasia a personas que no lo pueden decidir por ellas mismas.

 

Una vida que no se puede vivir dignamente no es un privilegio, sino un castigo, pero la decisión de poner fin a esa vida, no es fácil y habría que diferenciar entre eutanasia activa y eutanasia pasiva. Muchos médicos son partidarios de no prolongar la vida artificialmente, pero no de la práctica de la eutanasia activamente, que sería poner fin a una vida.

 

En conclusión, cada persona tiene que tener la libertad para poder decidir por una misma. En muchos países ese derecho es una realidad. Confiemos en que en el futuro la eutanasia pueda ser regulada de manera que la libertad esté por encima de cualquier otra consideración.

 

Lucía San José Arroyo (B2C)

¿Necesita el hombre creer que hay algo después de la muerte para ser feliz?

 

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Una de las grandes preguntas que se ha hecho la humanidad es si hay vida después de la muerte. El acto de morir es tan natural como la vida misma, pero a mucha gente le aterra saber que su vida se acabará. Muchas personas e instituciones han alardeado de poseer la respuesta a este enigma, pero, ¿realmente necesitamos esa respuesta, si es que la hay?

En primer lugar, el que ciertas instituciones, como la Iglesia, y ciertas creencias religiosas ofrezcan una respuesta, no quiere decir que esa respuesta sea acertada. Es conveniente recordar que cada religión acusa a todas las demás de ser falsas, mientras que defiende que la suya es la correcta, así que no podemos comprobar la veracidad de estas respuestas. Hay que añadir que desconocer un aspecto de la vida no es sinónimo de tristeza o preocupación; por ejemplo, millones de personas ateas desconocen qué va a ser de ellas tras la muerte y para ninguna dejar de vivir es motivo de preocupación. Por último, grandes pensadores han subrayado la importancia de pensar en nuestro presente y nuestro mundo para así conservarlo, en vez de divagar y dar palos de ciego sobre un tema que escapa a nuestra comprensión.

En conclusión, el ser humano no necesita saber qué será de él tras la muerte. Si bien es cierto que es un tema importante y que todos hemos pensado en él alguna vez, no creo que sea imprescindible hasta el punto de que nuestra felicidad dependa de él.

Lucas Soto Fernández (B2C)

¿Naturales o culturales?

En este par de interesantes artículos, los alumnos Albero Navarro y Claudia Gómez disertan acerca de qué papel prepondera en la naturaleza humana, si lo natural o lo cultural. Entramos en debate:

Antes de comenzar a desarrollar el tema, lo primero que hay que saber es ¿qué significa dimensión natural y dimensión cultural? Si buscamos en libros encontramos diversas definiciones que sostienen que la dimensión natural es aquella que nos hace seres vivos similares a los animales, sin embargo, la cultural es aquella que nos diferencia del resto de animales y nos dota de capacidad para ser conscientes de nosotros mismos, pensar y relacionarnos en sociedad. Una vez averiguados los significados, prosigamos.

Lo cierto es que cuando pienso en las distintas dimensiones del ser humano la primera pregunta que me planteo es ¿Cuál de ellas predomina en los individuos? Si quiero responderla pondría en manifiesto el concepto de multidimensionalidad, es decir, creo firmemente que los sujetos no dependen solo de una, sino que somos un conjunto interrelacionado de todas las dimensiones posibles. Pero a pesar de ello, inmediatamente mi opinión da un mayor valor a la dimensión cultural, determinada por el entorno, que a la biológica, definida por los genes.

Ejemplifico mi teoría con una situación: si tuviésemos dos gemelos a los que separásemos al nacer, en distintos sitios del mundo como Estados Unidos y Angola ¿qué ocurriría con ellos? La respuesta es clara; independientemente de que su herencia genética sea prácticamente igual, el gemelo criado en EEUU no tendrá las mismas características psicológicas, culturales e incluso físicas, que el hermano que se ha desarrollado en el continente africano. Podemos llegar a darnos cuenta de que las costumbres y el nivel de vida es completamente distinto y podemos llegar a pensar que además de los roles que impone la sociedad, también influyen otros factores en nuestra existencia; pues el papel jugado por la dimensión cultural, en mi opinión, llega a condicionar más al hombre que lo puramente biológico.

El biólogo Bruce Lipton afirma que lo que condiciona a todo organismo vivo es su entorno físico y energético, y no su carga genética. Nos han hecho creer que el cuerpo es una máquina bioquímica controlada por genes sobre los que no podemos ejercer ninguna autoridad. Eso implica que somos víctimas de una situación. No elegimos estos genes, los recibimos al nacer y ellos programan lo que sucederá. Sin embargo, experimentos realizados en la década de los sesenta, refutaron este planteamiento.

Tras esta reflexión, agrego que cuando crees que los genes controlan tu vida, en la mayoría de los casos, tan solo estás construyendo una excusa para considerarte una víctima. Las personas somos dueños de nuestra capacidad de actuación, podemos analizar y modificar nuestros comportamientos para contribuir a nuestro beneficio, tanto personal como social.

En conclusión, he decidido resumir mi tesis en un clásico de la psicología social: “Somos seres naturalmente culturales”. Sostengo que el vínculo entre todas nuestras dimensiones es básico para el correcto desarrollo de los humanos, no obstante la cultura juega un mayor papel, englobando y condicionando todas las demás facetas.

 

Claudia Gómez Caraballo (1º Bachillerato C)

 

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En esta disertación voy a comentar mi postura frente a que dimensión predomina en los seres humanos, ¿la natural o la cultural? Y, también, haré referencia a nuestros genes y su papel en nuestra conducta.

La faceta cultural es mucho más importante frente a la natural y, además, nuestra conducta no está determinada por nuestros genes, sino que está influenciada por ellos.

Aunque las personas somos seres naturales y culturales al mismo tiempo, la faceta cultural es más importante por numerosos factores.

El lenguaje es uno de los avances culturales evolutivos más importantes. El lenguaje condujo a la humanidad actual, nos permitió comunicarnos con los demás individuos, facilitó la vida en sociedad e hizo posible que nos pudiésemos relacionar con el entorno; es un elemento fundamental que constituye los seres humanos que somos actualmente, además de lo que supuso para los homínidos poder comunicarse, un gran desarrollo evolutivo. La vida en sociedad y su correspondiente organización también es bastante importante, es decir, el poder convivir con otros individuos y tener unas características culturales en común es esencial en la vida de las personas y la necesidad de organizarse para así tener una sociedad más eficaz, ya que para los primeros homínidos fue muy importante organizarse y adquirir a cada individuo una tarea para poder llevar una vida en sociedad más llevadera. La capacidad de interpretar el mundo como una realidad, es decir, el poder percibir todo lo que hay a nuestro alrededor y etiquetarlo. También, la capacidad de pensar de modo abstracto fue sumamente importante para explicar los seres que somos hoy en día, el poder ser capaces de representar acontecimientos no presentes en el momento, el poder recordar el pasado e imaginar y preocuparse por el futuro y, sobre todo, el poder ser conscientes de nuestra propia existencia, del tiempo y preocuparse por la muerte y darle valor a la vida.

La faceta de seres naturales también es muy importante ya que debido a los grandes cambios evolutivos que se produjeron dio lugar a los seres humanos actuales, es obvio que sin todos los cambios anatómicos que sufrieron los antiguos homínidos no seríamos como somos hoy en día. Las personas somos, en mayor medida así por los cambios culturales, ya que si no se hubiesen producido los cambios anatómicos de esta manera se hubiesen producido otro tipo de cambios, pero sin los avances culturales no podríamos haber llegado a lo que somos, el Homo Sapiens.

Nuestra vida no está regulada por nuestros genes, sino que más bien está influenciada por diversas razones. Nuestro comportamiento, forma de ser, forma de pensar, etc. está determinada por nuestra cultura, la sociedad a la que pertenecemos, el medio que nos rodea, la educación que hemos recibido a lo largo de nuestra niñez, adolescencia, etc. y se puede corregir o mejorar. Por ejemplo, si una persona tiene una forma de pensar que no es la ideal y esa misma persona quiere cambiarlo puede hacerlo mediante terapias, ayudas de sus familiares/amigos, etc. Las personas no estamos reguladas por nuestra herencia biológica simplemente nos influencia a ser de una manera, mas si esa forma de ser no te gusta puedes cambiarla con ayudas. Justificarse en el “yo soy así y no puedo cambiar” es totalmente erróneo y una forma de expresar la inmadurez y el mostrar falta de inteligencia al no querer cambiar y ser una mejor versión de ti mismo.

En definitiva, ambas facetas son importantes, pero la cultural es la más humanizante, es decir, la que nos ha convertido en los seres que somos actualmente, y los genes influyen en nuestra conducta, pero no nos regulan y siempre podemos cambiarla y ser nuestra mejor versión.

 

Alberto Navarro Fernández (1º Bachillerato C)

 

 

 Angkor Wat Felix Triller

De Caos a Zeus: el origen del universo según la mitología griega

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La mitología griega cuenta las leyendas o mitos de los héroes y los dioses de la Antigua Grecia. Establece como dioses principales o catorce dioses del Olimpo a: los tres grandes: Zeus, Poseidón y Hades; las hermanas de los tres grandes: Hestia, Deméter y Hera; y los hijos de Zeus: Atenea, Ares, Hefesto, Afrodita (adoptiva, hija de Urano), Apolo, Artemisa, Dionisos y Hermes (eran doce, pero Hestia cedió su trono a Dioniso).

Caos y dioses primordiales

Al principio de todo solo existió Caos, un ser que llenaba el cosmos del vacío absoluto. Mas Caos, estando solo, engendró a la enorme Gea, de gran poder, que en el futuro sería el suelo que pisarían los hombres. Gea a su vez engendró a otros varios: Urano, señor del cielo, de ancho espacio, tan poderoso como la gran Gea pero muy distante de esta; Érebo, de oscuro augur, se encontraba en el interior de Gea; Ponto, azul como el cielo pero inhabitable por los hombres; Nyx, cuyos ojos hicieron la noche profunda; y el más repudiado de todos, Tártaro, abismo del castigo eterno cuya distancia de Gea era tal que la de esta de Urano.

Hijos de Gea y Urano

La enorme Gea alumbró a otra raza de divinidades con su nuevo marido Urano: los titanes Crío, Crono, Hiperión, Japeto, Océano, Rea, Tea, Temis y Tetis. Tuvieron otros hijos: los cíclopes, Arges, Brontes y Estéropes de un solo ojo y gran fuerza; los hecatónquiros o centimanos, Briareo, Coto, Giges, de cien brazos, cincuenta a cada lado del torso, y cincuenta cabezas, veinticinco a cada hombro.

Castración de Urano y  Afrodita

Los poderosos y fuertes titanes fueron devorados por su padre Urano, ya que cuando uno nacía del vientre de Gea, el señor del cielo se lo tragaba sin piedad alguna.Pero un día Gea se hartó de los gustos alimenticios de su esposo y decidió vengarse. Forjó una funesta guadaña con el poder del tiempo y se la otorgó al menor de sus hijos, Cronos, señor del tiempo. Cronos, lleno de ira, decidió hacer sucumbir a su padre.

Cierto día, el señor del cielo se sentó sobre Gea en busca de descanso tras sujetar su enorme espacio. En ese momento, Cronos, previamente escondido, salió su madriguera y, mientras su padre dormía, le segó los genitales, pero Urano, furioso, dijo antes de su muerte:

“¡Tú, hijo del  cielo y la tierra!, me has sublevado, mas tu poder nunca le hará sombra al mío, y tal como me has hecho hoy a mí, los tres más grandes de tus herederos dividirán tu cuerpo en pedazos”.  Pero una gota de sangre brotó de los genitales de Urano y cayó en el Ponto. Pasado un año, una bella doncella ya adulta salió de entre la espuma y deslumbró a los hombres por su belleza. Se llamó Afrodita, señora de las palomas, diosa del amor.

Hijos de Cronos y Rea

Pasó el tiempo, Cronos se hizo con el poder del universo y encarceló en el Tártaro a sus enemigos: los cíclopes y los hecatónquiros.

Se casó con su hermana Rea y tuvieron como hijos a los dioses del Olimpo: Hades, Hestia, Poseidón, Deméter y Hera.

Cronos, por su parte, tuvo otro hijo con una oceánide: Quirón, el primero de los centauros. Al igual que su padre, Cronos devoró a sus hijos según nacían. Pero al igual que su madre, Rea se hartó de ello. Cuando nació el menor de sus hijos, Zeus, para que Cronos no lo devorará, Rea le dio una piedra, que el señor del tiempo se tragó sin hacer preguntas. Para que Cronos no sospechara, le pidió ayuda a Gea, la cual crio a seis en la isla de Creta.

Titanomaquia

Cuando  Zeus se hizo adulto, fue a liberar a sus hermanos.

Una noche en la que los titanes festejaban sus victorias,  Zeus se disfrazó hábilmente y se infiltró en la reunión.

Él le ofreció a Cronos una copa de néctar, acompañada de un vomitivo, y el padre de los dioses se la bebió. Unos minutos más tarde, Cronos expulsó de un solo vómito a los hermanos de Zeus.

Hades, Hestia, Poseidón, Deméter y Hera se reunieron con Zeus y Rea para planificar la muerte de su padre y esposo.

Hades tuvo la idea de ir al tártaro a rescatar a los hijos de Urano y Gea, debido a que éste tenía gran habilidad para infiltrarse entre los pasadizos subterráneos. Llegaron a las mazmorras del fondo del Tártaro. Llegado a este punto, avistaron Campe, hija de Urano que estaba custodiando las cárceles el tártaro. Entonces, Zeus, Poseidón y Hades liberaron de su prisión a los cíclopes y los hecatónquiros.

Después de ello, los valientes cíclopes forjaron tres armas sagradas para los tres grandes dioses: el rayo de Zeus, el tridente de Poseidón y  el yelmo de oscuridades de Hades. Con las tres armas sagradas vencieron a la monstruosa Campe y reclamaron el tártaro.

Armados ya con sus armas sagradas, Zeus, Poseidón y Hades se dirigieron a vetar a su padre. Llegado este punto, comenzó la última batalla de la Titanomaquia. El cielo se llenó de rayos, los mares se sacudieron y los muertos se levantaron. Cronos y sus Hermanos no tenían nada que hacer contra los tres grandes dioses.

Entonces se cumplió la profecía dicha por Urano y Zeus, Poseidón y Hades. Los tres Hermanos cortaron el cuerpo de su Padre en pedazos, los cuales se guardan en un cofre en el tártaro.       Terminada la Titanomaquia, los dioses recibieron sus poderes divinos. Zeus se quedó con los cielos y el rayo; Poseidón con los mares; Hades con el inframundo, los muertos y la riqueza de la tierra; Hera con la protección de las mujeres el matrimonio; Deméter con la agricultura y las tierras fértiles; Hestia con el hogar y el Fuego sagrado del hogar; y Afrodita con la belleza y el amor.

Hijos de Zeus

Con Hera:

                Nació Ares, dios de la guerra, y Hefesto, dios del fuego, la forja y los herreros.

Con Leto:

Nacieron los gemelos dioses de tiro con arco Apolo, dios de las artes, y Artemisa, diosa de la caza y las tierras vírgenes.

Con Metis:

Nació Atenea, diosa de la sabiduría y la estrategia del combate.

Con Sémele:

Nació Dionisos, dios del vino, las fiestas y el teatro.

Con Maya:

Nació Hermes, mensajero de los dioses, y dios de los mensajeros y de los ladrones.

 

 

David Cibrián