LLMAGAZINE

Revista digital del IES Las Lagunas

Opinión

Morir dignamente

 

La palabra eutanasia viene del griego “eu” y “qanatos“, que, unidas, significan “buena muerte”. La vida se ha considerado, desde la época del medievo, como algo que Dios nos otorgó en el momento de la creación. Arrebatarle la vida a otro ser humano se consideraba pecado, al igual que lo era el arrebatártela tú mismo, puesto que tu vida no te pertenecía a ti, sino que era de Dios y solo él podía prescindir de ella. Este razonamiento ha quedado muy atrás para nosotros, hombres y mujeres del siglo XXI, pero, a día de hoy, la eutanasia continúa siendo ilegal en muchos países. Nietzsche decía: “todo aquel que tiene una razón para vivir puede soportar cualquier forma de hacerlo”. Con esto, el filósofo alemán nos da a entender que, si nuestro deseo de vivir está por encima de cualquier cosa, poco nos importará lo que tengamos que sufrir con tal de seguir en este mundo. Pero, ¿de verdad merece la pena alargar la vida de una persona si se sabe que es imposible encontrar una cura a su enfermedad? Eso no sería más que una tortura. Por otra parte, Quevedo sostenía que “mejor vida es morir, que vivir muerto”. Una vez que llegamos a esta parte, recuperamos el asunto de la regulación legal de la eutanasia. En nuestro caso, España autoriza la eutanasia pasiva, pero eso no quiere decir que no se le pueda negar a un paciente. Este es el triste caso de mi abuelo, que sufrió durante diecisiete años una enfermedad crónica y, en sus últimos días, no hizo más que pedir la eutanasia, que le fue negada por los doctores.

Como hemos podido observar, aun siendo legal en nuestro país la eutanasia pasiva, la decisión de aplicarla o no queda en manos de los médicos, que no deberían negarla a los pacientes que realmente la necesitan.

Irene Gutiérrez (B2C)

Más allá

El ser humano es la única especie (que se sepa) consciente de que un día va a morir. Somos creadores del tiempo, pues necesitamos algo que nos sirva para organizar nuestra vida. Este invento nuestro es bueno, pero puede convertirse en traidor, pues, a medida que la arena desciende, las personas somos más conscientes del fúnebre crespón que nos cubrirá sumergiéndonos en las aguas donde van a parar las almas.

            Ante todo esto, se nos plantea una buena pregunta: ¿necesitamos creer que hay algo después de la muerte para ser felices?

            Todos, en algún momento de nuestra infancia, nos hemos planteado nuestro final, ya que es esta la etapa de nuestra vida en la que nos percatamos por primera vez de que nada es eterno. De esto nos podemos ir dando cuenta por el fallecimiento de personas cercanas.

            Al tiempo que descubrimos que Láquesis* ya ha medido la hilada de Cloto y Átropo está preparada para cortarla algún día, nos planteamos qué habrá después.

            Esto queda evidenciado también en las religiones. No hay ninguna que no exprese que hay algo tras dejar de bombear el corazón: ya sea el cielo, el Hades, la reencarnación..., todo lo pronunciado sobre este tema explica que tras nuestra vida algo nos sucede.

            Ahora bien, si pensaramos que no existe nada de esto, prodríamos quedarnos paralizados por el miedo, pues el ser humano se caracteriza por una continua búsqueda de la esperanza, del más mínimo rayo de luz en un frío y oscuro túnel. Si no fuera por la esperanza, las personas nos detendríamos ante la más mínima dificultad y no avanzaríamos.

            En conclusión, para el hombre el hecho de que haya algo tras la muerte es la chispa que le permite encender la vela de su vida, pues, al tiempo que es su esperanza, es también la que derrite la vida que algún día acabará.

Pilar Gómez (B2C)

*Se está haciendo referencia a las Moiras de la mitología griega que eran las encargadas de hilar, medir y cortar el hilo de la vida.

Educación del siglo XXI

educacion3Como alumna, quiero hablar sobre un tema tan polémico como actual: la escuela tradicional o la escuela llena de nuevas metodologías, puesto que somos nosotros los principales afectados. El sistema educativo español, poco a poco” mata” las ganas por aprender y pensar. A lo largo de mi vida estudiantil me he planteado numerosas veces, ¿para qué me sirve aprender eso? ¿Por qué se valora tu nivel de conocimientos a través de un examen? ¿Por qué no se cambian las dinámicas educativas en una clase?; o por qué no nos preguntan: ¿qué es lo que os gustaría hacer? A medida que he ido avanzando cursos, me he respondido a mí misma a esas preguntas, nutrida de opiniones completamente distintas hasta crear mi propio criterio.

La diferencia que veo entre educación y enseñanza. La enseñanza (lo relativo a la vida) debe ser inculcada en casa, desde los padres, quienes no solo deben reforzar las enseñanzas y aprendizajes, sino inculcar la capacidad para la toma de decisiones, para la resolución de problemas… en definitiva, lo que conocemos como criterio propio; el profesor imparte la educación (lo relativo al conocimiento académico), es decir, no es quién para decirle a un alumno qué debe de pensar, sino guiar y presentar conocimientos a los alumnos para que ellos mismos escojan y formen su criterio, tanto solos como en grupos de trabajos. Esta nueva metodología es más eficaz que dar lecciones magistrales y transmitir información para que se memoricen para el día del examen.

Javier Orrico, catedrático en Lengua y Literatura, defiende la idea de que, si un alumno no cree que el profesor sabe más que él, estamos perdidos. Hoy en día ser un experto es más complicado porque los conocimientos cada vez caen más en desuso y también porque hay conocimientos como el manejo de internet o las nuevas tecnologías, en los que los alumnos incluso son mejores; entonces esa jerarquía profesor-alumno cae. El papel del profesor puede ser de dos maneras: por un lado que no necesite esa autoridad intelectual, que esté por encima de sus alumnos y sea capaz de llevar bien la clase, no tanto imponiendo esa autoridad intelectual sino personal, teniendo la capacidad de ser adulto, entrando en una relación interpersonal y no jerárquica, tratándose de igual a igual (en dignidad) ya que estamos en una democracia; por otro lado, el maestro clásico, que utiliza esa autoridad intelectual para separar su relación con respecto a los alumnos y representar esa posición docente de autoridad. De la posición que tome el profesor depende, en un gran porcentaje, el comportamiento del alumno. Por ello, defiendo que no debe haber un sistema jerárquico dentro de las aulas, sino de igual a igual con una relación interpersonal, siempre y cuando el alumno lo permita; porque muchas veces nos dan confianza y tomamos demasiada, nosotros debemos saber hasta dónde llegar.educacion2

La pedagoga Heike Freire rechaza el modelo ‘bancario educativo’, basado en inculcar conocimientos en los alumnos que quedan obsoletos, ya que hay máquinas que son almacenes de conocimientos. En ello discrepo, si no se tiene cultura general básica muy fundamentada con anclajes sólidos que te permiten moverte por el mundo, es más fácil que te manipulen o simplemente que te pierdas. Dar el derecho a los alumnos de poder conocer el mapa de la historia literaria, de las artes… es una tradición cultural que deberíamos defender, pues hay que saber, por ética, lo creado anteriormente por aquellas personas que han hecho posible lo que tenemos hoy en día. Sí que estoy de acuerdo con Heike Freire en que la manera de transmitir esos conocimientos debe cambiar, transmitiéndolos a través de valores que lleven a una reflexión, no imponiéndolos.

Según el último informe Pisa” los alumnos españoles hacen demasiados deberes que no sirven para nada”; estoy de acuerdo, yo le llamo el modelo ‘hacer, hacer y hacer sin reflexión y sin saber para qué lo haces’, no tiene sentido. Muchas veces tomamos decisiones, las utilizamos y nos damos cuenta de que no hemos reflexionado lo suficiente sobre ellas, sino que la hemos tomado” porque sí, porque es lo que me han dicho”, a esto me refiero. En muchos institutos de la Comunidad de Madrid hacen planes de refuerzos y resultados, como poner una séptima hora de matemáticas para así mejorar los resultados de los alumnos. Particularmente, no creo que sirva de nada esta medida, porque si un alumno no va predispuesto a una asignatura, su rendimiento va a ser igual que al principio, incluso le creará un rechazo a dicha asignatura. Mejoraríamos el rendimiento académico si nos preguntasen qué es lo que nos gusta, cómo nos sentimos, o nos hicieran propuestas para hacer distintas dinámicas a la hora de dar clase, intentando ajustar el espacio académico a un ámbito más acogedor, sin que tengamos que dejar atrás las cosas que nos gustan y nos apasionan, sentarnos en una silla a escuchar a un profesor de un tema sin ninguna predisposición a aprender. A esto le sumo el apoyo de instituciones como el Ministerio de Educación encargado de los presupuestos a este gran sector. Es verdad que para llevar acabo muchas de las medidas que he propuesto, se necesita un capital que actualmente no tenemos. La educación debería ser un sector intocable, sin recortes, porque es la base de un futuro próximo, una inversión siempre en positivo.

No creo que haya un sistema educativo perfecto, pero sí que podemos, entre alumnos, profesores y el Ministerio de Educación, mejorarlo poco a poco y probar nuevas metodologías en la educación.

 

María Martínez Arias

Feminismo: llamemos a las cosas por su nombre

El feminismo es un tema tremendamente complejo que no se puede abarcar en un espacio tan breve como este. Sin embargo, sí que me gustaría aclarar el significado de ciertos términos que están muy de moda y así contribuir a que la gente se dé cuenta de que los emplea incorrectamente.

Últimamente se está generalizando el uso de palabras como "feminazi" o "hembrista". Es más que probable que las hayas usado alguna vez, quizá incluso sin pararte a pensar en su significado. Muchas veces su uso, más que mala intención, denota cierta ignorancia o desinformación, pues ambos términos se asocian, en mi opinión equivocadamente, con el movimiento feminista.

El feminismo es "la ideología que defiende que las mujeres deben tener los mismos derechos que los hombres". Es decir: mismos derechos y mismo respeto, mismas oportunidades y mismas libertades, pues ni tu género ni tu sexo deben determinar tu valía. Está, por tanto, basado en la igualdad, no en la superioridad, y como tal es perfectamente aceptable que haya hombres feministas. Sin embargo, he oído a menudo argumentar que, si el feminismo busca la igualdad, debería llamarse "igualitarismo", que al parecer queda mejor y es menos polémico. El motivo por el que el feminismo se llama como tal es simple: porque se centra en la desigualdad que sufre la mujer. Pero esto no quiere decir que se esté despreciando u odiando, ni mucho menos, a los hombres. Lo único que significa es que, dado que la mujer es tratada como inferior en tantos ámbitos, el movimiento se va a centrar en luchar por los derechos que, como ser humano, se merece.

Aquellos que se empeñan en calificar el movimiento feminista como una horda de mujeres coléricas, eternamente enfadadas, amargadas y violentas son los que han inventado términos como "hembrismo" o "feminazi" con una intención muy clara: desprestigiar el movimiento, conseguir que la opinión pública vea a sus integrantes como algo que en realidad no son. En pocas palabras, establecer un estereotipo insultante.

El “hembrismo”, cuya definición, dicho sea de paso, no viene en el diccionario, es la creencia de que la mujer es superior al hombre. Es innegable que hay mujeres que se sienten así, pero, dado que no constituyen un sistema económico, social y cultural, no pueden ser lo opuesto al machismo. Es decir, sería una actitud individual, no el rasgo característico de una sociedad. Queda claro, pues, que “hembrismo” y feminismo no tienen nada que ver. Sin embargo, muchos los consideran equivalentes.

Si ya el concepto de “hembrismo” me parece ofensivo, el empleo de la palabra "feminazi", creación relativamente moderna de un locutor estadounidense, es excesivo. Con este acrónimo se hace alusión a que el colectivo feminista pretende tratar a los hombres de forma similar a como lo hacían los nazis con los judíos. ¿No parece esta una comparación no solo equivocada, sino además desagradable? Sin embargo, esta palabra está consiguiendo su objetivo: que se la relacione de tal manera con el feminismo que, en cuanto una mujer defienda sus derechos, se la considere “feminazi”. Así, todo el movimiento acaba desprestigiado, tomando a sus integrantes por "feminazis" enfurecidas, varoniles y violentas que consideran a los hombres desagradables e innecesarios.

Seamos pues inteligentes y no caigamos en esta campaña de desprestigio interesado.

Llamemos a las cosas por su nombre.

Andrea Carrón de Benito

2º Bachillerato B

Los atentados de París

El pasado 13 del pasado mes, varios atentados ocurrieron en la capital francesa y la zona de Saint-Denis en los que murieron 137 personas y otras 415 resultaron heridas. Fueron en su mayoría atacantes suicidas que pertenecen al grupo terrorista ISIS o Daesh dirigido por Abubaker al Bagdadi desde 2010. Justifican lo ocurrido así: "Este es el principio de la tormenta y un aviso para los que quieran meditar y aprender las lecciones".
François Hollande, presidente de Francia ha mencionado: “Es un acto de guerra que ha sido cometido por el ISIS en contra de los valores que defendemos”. “Vamos a ser implacables”. Sarkozy se puso de su lado, mencionando: “Los terroristas declararon la guerra a Francia”. “La guerra que tenemos que librar es total. Nuestro país no tiene que ceder. Tiene que actuar con decisión, con fuerza. Vamos a superar esta prueba con sangre fría y decisión. Nuestra política exterior tiene que incluir el hecho de que estamos en guerra”. La UE dice 'sí' a defender a Francia pero cada país decidirá hasta dónde ayuda.
Esto no es nada nuevo. El Estado Islámico se proclamó el 29 de Junio de 2014, atentando, infundiendo miedo y terror a países de Oriente Próximo como Libia, Irak, Siria entre muchos otros. Hasta que ha salpicado en países occidentales, hemos hecho oídos sordos.atentadosenparis2
Hollande dice que la masacre de París es un acto de guerra, pero lo que no sabemos es que Francia lleva mucho tiempo participando en guerras queriendo situarse en los primeros puestos de la geopolítica, buscando mayor influencia internacional. Para explicar el porqué de estos ataques hacia Francia, y las amenazas a occidente, debemos remontarnos a la Guerra de Irak en la que Estados Unidos, cuyo presidente era George Bush, declaró que el motivo fue la "falsa afirmación" de que Irak poseía y estaba desarrollando armas de destrucción masiva (ADM). Otras razones incluían las preocupaciones sobre el apoyo financiero de Irak a las familias de terroristas suicidas palestinos, violaciones de los derechos humanos por parte del gobierno iraquí, propagación de la democracia, las reservas de petróleo de Iraq, aunque este último ha sido negado por otros funcionarios. Junto a EE.UU participaron en una coalición multinacional países como Reino Unido, Alemania, España, Francia, Polonia, Bélgica, entre otros. Podemos observar que los abusos por parte de los países invasores dejaron huellas en la población civil de aquella zona, muertes injustificadas o explotaciones sobre los terrenos, junto a un bombardeo de información y educación a las nuevas generaciones posteriores al conflicto que han creado en ellos un sentimiento de venganza, revanchismo e injusticia.atentadosenparis1
Las compañías del sector armamentístico son las grandes beneficiadas en bolsa, con subidas que en algunos casos han superado el 7% tras los atentados yihadistas ocurridos en París.
Tras lo sucedido se ha comenzado a culpar a los musulmanes, inmigrantes, a las minorías, a aquellos que huyen de los conflictos y la miseria en sus países, no por placer sino por supervivencia. Estos ven en Francia (y en otros países desarrollados) un refugio y para negarles el asilo ha sido un pretexto perfecto, asimismo para culparlos de ataques terroristas. Ese es el problema, las etiquetas y la generalización hipócrita de la sociedad. Debemos tener claro que el terrorismo no es religión. Esas etiquetas las utilizan grupos que pretenden eliminarlos y marginarlos como causa de todo.
Por otro lado, grupos xenófobos aprovechan la tesitura para incrementar el odio y sentimientos como la islamofobia o antisemitismo en países occidentales y aumentar la intervención militar en Próximo Oriente, como el partido ultraderechista (FN) dirigido por Marie Le Pen, culpando a ciudadanos de origen árabe o musulmán y a los inmigrantes que viven en Europa. No es coincidencia que el flujo migratorio de refugiados procedentes de Siria, Líbano e Irak haya sido notorio durante este último año. Tenemos la muestra de la gravedad del asunto y ante ello vemos como Europa ha acogido a más de 700.000 sirios, pero los países cercanos a Siria acogen más de 4 millones, con muchos menos recursos. Jordi Évole hizo un reportaje sobre el campo de refugiados de Zaatari y veíamos como muchos sirios decidían abandonarlo, dejando testimonios desgarradores como el de esta mujer: "El día que llegué fue el primero que pude dormir, después de que llevaba un año en vela por el sonido de las balas y el terror". La joven dijo "sentir que no soy un ser humano" porque "todo el mundo nos había abandonado". Otro de los refugiados con los que habló Jordi afirmó que: "No nos queda otra alternativa que volver a Siria aun sabiendo que la muerte está allí". Vemos la desesperación de estas personas, atacadas al igual que los parisinos en su tierra natal y como prefieren volver a su hogar aun sabiendo que la muerte les aguarda. Viven el presente sin esperar nada del futuro, dando gracias a lo poco que tienen y por seguir vivos.
Debemos tener ganas y fuerza para ayudar a crear nuevos proyectos a largo plazo eliminando la pobreza de estos países vecinos, mejorando la educación, la salud, construir infraestructuras y crear oportunidades económicas, porque esto desacreditará a la ideología del miedo y odio de la que se aprovecha el ISIS, incrementando la de la esperanza y crecimiento. No solo pensar que la solución es militar, sino de crear oportunidades.

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                                                                                                                                                                           María Martínez Arias 1ºD bachillerato.