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Revista digital del IES Las Lagunas

Opinión

¿Razón o sentimiento?

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El ser humano es indeciso por naturaleza. Queramos o no, nos pasamos toda nuestra vida tomando decisiones, aunque solo sea si tomar leche o zumo cuando desayunamos o qué ponernos por las mañanas. Por suerte o por desgracia, no todos los asuntos son así de simples, pese a que a algunos el tema del desayuno les parezca algo complicado. Esta decisión viene también acompañada por el miedo. Vivimos con miedo, miedo a equivocarnos, a decepcionar con nuestras determinaciones, con miedo al qué dirán, pero, sobre todo, al “¿qué pasaría si…?”.

Por este sentimiento de desconfianza, que nos impulsa a creer que ocurrirá algo contrario a lo que deseamos, le damos mil vueltas a las cosas, pensamos una y otra vez qué será lo mejor, sin plantearnos qué nos hace verdaderamente felices. En general, tenemos esa idea equivocada de que guiarnos por los sentimientos es el mayor error que podemos cometer, sin darnos cuenta de que, en el fondo, ser impulsivos no es tan malo como nos dicen, puesto que, cuando actuamos sin pensar, lo hacemos de acuerdo a cómo nos sentimos en el momento, actuando cómo realmente queremos, sin tantos quebraderos de cabeza. Por eso, a pesar de que intentemos ser fríos y calculadores, tomando las supuestas mejores decisiones, al final, no somos conscientes de que todo está relacionado con los sentimientos, ya que, cuando decidimos algo, necesitamos sentir la suficiente valentía para hacerlo, y también ese optimismo que nos dice que todo irá bien, aunque no las tengamos todas con nosotros.

En definitiva, por mucho que pensemos las cosas con detenimiento para evitar equivocarnos, en el fondo no somos conscientes de que, aunque los mejores resultados en la vida los dé nuestra razón, guiarnos por el corazón y ser impulsivos nos da los mejores momentos, esos en los que somos completamente felices sin necesidad de nada más, por mucho que a veces la felicidad nos dure poco.

María Eugenia García

B2B

                                                                                                                                                                                                            MariaEugeniaB2B

GRUPOS INTERACTIVOS

Una de las actividades de éxito más conocidas y que está adoptando mayor presencia en nuestras aulas, es la participación en grupos interactivos, más conocidos como INCLUDE-ED.

¿En qué consisten? ¿Qué son? Son una forma de agrupación del alumnado que consiste en su distribución dentro de pequeños grupos heterogéneos en la misma aula. Lo que los grupos interactivos pretenden es promover las interacciones dialógicas, es decir, la intervención del alumnado y el voluntariado mediante el diálogo, generando dinamismo, aprendizaje y apoyo y mutuo en actividades comunes.

Lo dicho anteriormente es la principal gran diferencia que existe entre los actos comunicativos de poder, (el modelo educativo que permanece en las aulas) y los actos comunicativos dialógicos. Pero además, existe otra diferencia: la tendencia de los actos comunicativos de poder de segregar o dividir al grupo en los ‘más aventajados’ y ‘los menos aventajados’. Esto genera mayoritariamente fracaso escolar y potencia la baja autoestima. Sin embargo, si el alumnado permanece en la misma aula y se apoya alcanzando poco a poco el nivel general, que es lo que defienden los actos comunicativos dialógicos, ‘repercute en la mejora de los resultados académicos de todos y todas’, citando palabras del INCLUDE-ED Consortium (2009).

Además, la comunidad científica internacional hace décadas que ha señalado los efectos negativos de la división del alumnado por su rendimiento o nivel educativo (Flecha, 1990, Slavin 1991).

En resumen, como dice el refrán, ‘la unión hace la fuerza’.

Mi propia experiencia como alumna (y la de otras y otros muchos), avala mis argumentos, ya que el actual sistema educativo (con excepción de casos concretos), no ha generado mucho más que estrés, al no valorar el aprendizaje ante todo, sino la puntuación de un examen que solo mide las horas empleadas frente a un libro.

En conclusión, los INCLUDE-ED son actividades que promueven el apoyo entre el alumnado y desarrollan el aprendizaje.

                                                                                             R.G.K. 1' BACHILLERATO

                                              

                                                                                                   

LA MÚSICA TAMBIÉN VALE

 

Música. Aquello que nos acompaña a lo largo de nuestra vida; aquello a lo que recurrimos para alegrar una fiesta, para sentirnos menos solos, para encontrar las palabras que no nos atrevemos a decir en alto o, simplemente, para callar al silencio. Sea lo que sea para lo que la utilicemos, como dice el cantante irlandés Danny O’Donoghue, “La música está ahí. Siempre está ahí”.

Sin embargo, la música tiene un precio que cada vez se paga menos por la piratería y cada vez es más alto debido a  los impuestos culturales. Todos amamos la música y, sin embargo, también todos hemos pirateado algún disco que otro alguna vez.

Aunque la aparición del “streaming” haya traído a la música un aumento de ingresos (un 8’1% en 2016, en comparación con 2015), la piratería sigue robando millones de euros a todos los músicos, productores, ingenieros musicales, cantantes y compositores que día a día trabajan duro para poder vivir de su pasión, la música, un mundo ya bastante difícil de por sí.

La música es algo maravilloso que tiene el mismo valor que cualquier otra obra de arte, ya sea un libro, una escultura o un cuadro, y que, sin embargo, no está siendo reconocida como tal. Yo misma soy testigo de que esto ocurre al haber escuchado a personas quejarse por tener que pagar por una canción cuando no tienen en cuenta todo el trabajo que hay detrás de esos tres o cuatro minutos.

Shakespeare dijo una vez: “El mundo tiene música para aquellos que escuchan”. Parece ser que el mundo está empezando a quedarse sordo y nuestros artistas tendrán que irse con su música a otra parte.

                                                                                              SOFÍA LUQUE GÓMEZ

                                                                                      1º Bach. D                                                                                                          

¿Existe el amor ideal?

Sabemos que es preciso empezar por definir los conceptos con los que vas a trabajar, pero ¿y si uno de ellos es indefinible? Me refiero al caso de sustantivos tan abstractos como amor, algo tan subjetivo que podemos llegar a concebirlo como una idea en sí misma, que solo cobra sentido y, por tanto, nos creemos capaces de definirla, una vez la hemos experimentado. Por otro lado, hemos de suponer que un ideal es aquello a lo que, considerándolo perfecto, aspiramos a llegar. Por lo tanto, en teoría, el amor ideal, sería aquella forma de amar perfecta que toda la sociedad desea lograr. Sin embargo, ¿quién es capaz de decidir y, por lo tanto, de clasificar las infinitas maneras de amar del ser humano? No se me ocurre nadie capacitado para tal derecho sobre los demás, de manera que sostengo que cualquier forma de amar algo o a alguien, siendo libre e igualitaria, ha de ser el ideal al que todos debemos aspirar.

 

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Ahora bien, esta afirmación esconde mucho más de lo que parece. Parece fácil de entender, pero en un momento en el que el número de casos de violencia de género es tan grande como en el que actualmente vivimos, no es difícil darse cuenta de que algo no funciona correctamente. Aquí es preciso diferenciar tajantemente entre querer libre y bien, y la terrible confusión social que crea la errónea asociación de amor con posesión. En una pareja nadie es un objeto, ni es inferior al otro en ningún sentido, pero a tal grado llega esta idea que nos han hecho creer que los celos son sinónimo de amor, cuando de lo que son sinónimo es de desconfianza. Esta asociación de conceptos está muy presente en las nuevas generaciones, cosa que verdaderamente me aterra. Cada vez es mayor el número de parejas jóvenes que se creen con derecho sobre la otra persona en situaciones como el control de móviles o a la hora de dar órdenes sobre cómo vestir. La sociedad tiene un problema, y es la ignorancia en muchos aspectos; y no hay peor defecto que la ignorancia que da lugar a la violencia.

 

En conclusión, el amor hace plena la vida siempre y cuando aporte felicidad y se base en la confianza y el respeto mutuo. Si no, nunca podrá llamarse amor y, por tanto, nunca podrá llegar a ser ideal, pues el amor, el verdadero amor, ya es un ideal en sí mismo.

Belén Clemente (B2B)

                                                                                                                                                                                                                        belenclemente

 

Más allá

 

Todos los días mueren miles de personas en diferentes circunstancias. Sus cuerpos son incinerados o sepultados bajo tierra y sus familias lloran su muerte, pero ¿qué pasa con el fallecido.

Todas las religiones, en mayor o menos medida, abordan el tema de la muerte. Algunas, como el cristianismo, piensan en una vida después de la muerte. Otras, como el hinduismo, dibujan posibles figuras o castas en las que se convertirá el hombre tras su muerte. Pero, ¿y si no hay nada? ¿Qué pasaría si realmente esta fuera la única vida? Si el ser humano se centra en qué pasará cuando muera, está malgastando un tiempo que nadie le devolverá. Obcecarse en vanidades que no tienen respuesta es perder de vista el verdadero fin de la vida, ser feliz.

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No hay pruebas de que exista algo más allá y, del mismo modo, tampoco se tienen certezas de que no exista una vida después de esta. Así que, ¿por qué perder el tiempo y la vida pudiendo disfrutar de ella? Se trata de pasar por la vida, no de que la vida pase por ti. Desesperarnos buscando respuestas a preguntas tan complejas deja seres abúlicos y perdidos en sus propios pensamientos. Mejor morir habiendo vivido y ya luego preocuparse de lo que habrá después. Nadie ha vuelto del más allá, de lo que se obtienen dos posibles conclusiones: que no exista un más allá o que se viva mejor que aquí.

Se puede ser feliz sin pensar en un futuro que quizá no exista; de hecho, quizá se viva mejor.

 

                                                                                                                                  María González Marcos (B2B)

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