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Revista digital del IES Las Lagunas

El mito del fin del mundo

 

A lo largo de la historia, la mayoría de culturas o religiones han temido o se han cuestionado si tarde o temprano llegará el fin del mundo o de la humanidad. Hasta el momento, las teorías sobre cómo nuestro planeta sufrirá una catástrofe irremediable que signifique la destrucción de todo tal y como conocemos hoy en día, han ido variando.

Supongamos que dos naciones se enfrentan en una guerra y se atacan entre sí con armas nucleares, la radiación emitida por estos misiles perjudicaría a todos los seres vivos de nuestro planeta (animales, plantas y seres humanos). O podemos imaginar la colisión de un Meteorito contra la Tierra, como el que se supone que acabó con los dinosaurios hace 60 millones de años. Estos sucesos podrían ser la causa del fin de nuestro mundo.

Pensad ahora que los habitantes de algún planeta intergaláctico decidieran invadir la Tierra para extraer nuestros recursos naturales, o que la inteligencia artificial se rebelase contra nosotros como en Matrix o Terminator.

Recordemos el cambio climático, muy latente ahora, otro posible causante del fin del mundo. La contaminación y la sobreexplotación de los recursos están dañando gravemente la capa de ozono, y esto nos afecta a todos.

Estas explicaciones y teorías elaboradas en el mundo contemporáneo aportan gran cantidad de posibilidades sobre cómo podría acabar nuestra existencia, lo que refleja la postura abierta de nuestro pensamiento actual ante cualquier suceso. Pero todo ello viene de una herencia religiosa y de una herencia de los mitos antiguos que no debemos olvidar.

El Ragnarok, según la mitología nórdica, es el fin del mundo predestinado. Se trata de una batalla épica entre dioses, gigantes y monstruos que acabará con todo y decidirá el futuro. La batalla representará la purificación del mundo.

En segundo lugar, en la religión mazdeísta el fin del mundo será una batalla entre dos dioses, Ahura Mazda (el bien) y Angra Mainyu (el mal) que precipitará el fin del mundo y la llegada de un salvador que hará vencer al bien, pues es lo que los fieles de esta religión consideran justo.

Por otra parte, el día del juicio final en la religión cristiana será el día de la segunda venida de Cristo y la resurrección de la carne. La humanidad entera será juzgada ese día por sus actos. Este mismo relato coincide con otras dos grandes religiones, el judaísmo y el islam, que pese a las pequeñas diferencias todas concuerdan en la justicia en un último día.

La Biblia está plagada de referencias mitológicas, al igual que de textos sagrados. Sus reflexiones nunca fueron nuevas ni pretendían serlo, pues los deseos y temores más profundos de los seres humanos han sido los mismos a lo largo de miles de años.

En los relatos de “Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis” lo jinetes son liberados por Jesús y montan cada uno un caballo blanco, rojo, negro o bayo. La aparición de estos jinetes resulta tan impactante porque vienen a la tierra para esparcir una serie de males que sacan lo peor de los seres humanos.

El caballo negro simboliza el hambre. En algunos lugares las hambrunas eran solo ocasionales, mientras que en otros permanecían de forma indefinida.

El caballo Rojo representa la guerra la cual siempre ha sido una constante de nuestra existencia en la Tierra. La gloria y el dolor asociados a esta eran motivo de venganzas y de actividades bélicas. Este caballo no solo tenía presencia en Europa, sino que era fácil identificarlo en las leyendas de algunos países asiáticos, africanos, de Oceanía o sudamericanos.

En el caballo bayo figura la muerte, siempre temida y respetada, representada con distintos nombres y formas en las diferentes culturas, pero con la característica de que nada ni nadie puede escapar de su control. La única diferencia entre unas culturas y otras con respecto a este jinete es la actitud con la que se recibe. Unos con pesar y miedo, mientras que otros con valentía y emoción. En la Biblia es considerado como uno de los jinetes más poderosos.

Por último, encontramos al misterioso jinete del caballo blanco reconocido como el de la victoria o de la esperanza.

En la actualidad los principales jinetes que nos amenazan son una catástrofe nuclear, el cambio climático, la biotecnología, ya que los avances en la ciencia nos permiten hacer cualquier cosa con los organismos vivos, y la inteligencia artificial, por si terminara desarrollándose más allá de los intereses humanos.

Todas estas historias son diferentes, desde batallas hasta resurrecciones. Son mitos separados por miles de años o miles de kilómetros, pero en todas ellas podemos ver unos puntos en común: la justicia y la purificación asociada a los mitos del fin del mundo.

Dada la sucesión histórica de mitos para aplicar justicia y purificar al mundo, puedo afirmar que la idea del fin del mundo es una necesidad antropológica. Al igual que para Hume Dios como creencia es necesario para mantener el orden y la moral, el fin del mundo es necesario para el ser humano en su interminable búsqueda de respuestas. Pero, ¿por qué razón es necesario un fin del mundo?

La idea de infinitud, pese a existir en nuestras mentes, nos resulta imposible aplicarla a un objeto o suceso, no somos capaces de imaginarla a partir de cierto punto, del mismo modo que no soy capaz de imaginar un tubo interminable (al intentar representar este tubo, dibujo un horizonte que lo corta en vez de dibujarlolo entero). No conocemos el infinito más allá de la idea. Únicamente entendemos el concepto, pero jamás lo hemos visto aplicado. La infinitud, al igual que la perfección, es como imaginar un nuevo color, imposible para nuestra imaginación. Aclarado esto, puedo asegurar que la idea de una humanidad infinita se nos hace complicada, por lo que muchos han propuesto que en algún momento esta idea acabará y así solucionaremos la duda de qué pasaría si la humanidad perdurase, con lo que cumpliríamos así con la necesidad humana de buscar respuestas y sobre todo resolver incógnitas.

El ser humano al conocer la muerte como el fin de la vida humana, pese a creencias de posteriores vidas, asociará la muerte con otras cosas que conozca y estén vivas, como la sociedad (a la que él pertenece) y por elloaplicamos la misma regla de la muerte a la sociedad y por tanto la sociedad tendrá un final.

Pero entonces, si el ser humano ya tiene la muerte como final individual ¿Por qué tiene que delimitar la vida del mundo? Porque el ser humano, desde el principio de su existencia, se ha concebido a sí mismo como individuo y a las personas alrededor como sociedad. La sociedad como forma de organización está dentro de la propia naturaleza humana y por ello la creencia del fin del mundo implica la idea de sociedad, ya que este fin responde a la necesidad humana de dar justicia al conjunto como colectivo y no sólo como seres individuales (a los cuales les correspondería la muerte).

El fin del mundo representa el fin de la sociedad, que debe ser juzgada por sus actos y en función de ellos se decidirá el futuro de cada persona, por lo que creer en el fin del mundo implica creer en la responsabilidad de todos los individuos sobre los actos de la sociedad, lo que sería responsabilidad civil. Esto concuerda con la teoría de Rousseau del contrato social, pues el propio ser humano se siente responsable de aportar a este colectivo y a una supuesta voluntad general para salir bien parados en ese juicio final.

Otra razón por lo que tener este tipo de mitos sobre el fin del mundo es una necesidad humana se encuentra en nuestra propia vida, y es la muerte. La muerte es el final del periodo de actividad en este mundo, independientemente de si hay mundos posteriores o no, y es la propia muerte la que le da sentido a la vida, seas religioso o ateo, pues la muerte marca el punto de conexión entre una vida y otra o el final de lo único que vamos a conocer jamás. Esta muerte provoca que actuemos de una determinada manera durante nuestra vida, ya sea para cumplir con una serie de requisitos para pasar a la otra vida o para aprovechar el tiempo finito que tenemos para desarrollarnos.

Del mismo modo, el fin del mundo da sentido a la humanidad. Aporta la preocupación sobre qué debemos hacer durante nuestra vida para que llegado ese final todo sea favorable o al menos no fatídico para la humanidad

Estos mitos relacionados con el fin de los tiempos han influido en nuestra sociedad durante miles de años y continuan haciendolo. El pensamiento moderno comparte esta preocupación por encontrar la respuesta sobre qué va a ocurrir con nuestro mundo y se manifiesta en diferentes maneras de pensar.

El fin del mundo representa para el humano un acontecimiento inevitable que tarde o temprano sucederá, un enemigo común que acabará con todo lo que hemos creado como especie hasta ahora. Desde los sectores religiosos, este fin se suele tomar como la purificación que separará a los “puros” de los “impuros”. Estas ideas que parecen medievales siguen latentes en nuestra sociedad, manifestándose como preocupaciones existenciales, películas, libros e incertidumbres.

Como comentaba antes, una humanidad infinita es inconcebible para nuestra imaginación. Por lo que de nuevo, la curiosidad nos conduce al dilema de si seguir en la ignorancia con la frustración de no alcanzar una respuesta acerca del futuro de la humanidad, dado que los argumentos no son fiables, o si creer casi ciegamente en el Apocalipsis para satisfacer nuestra necesidad de dar un final a la humanidad.

Para algunas personas, el apocalipsis significa algo enigmático o tenebroso. ¿A qué le temen? ¿Al fin del mundo? Algunos, a que este fin sea una certeza, mientras que otros a justamente lo contrario: temen en realidad, a que nunca se vaya a producir ese fin del mundo en el que habían depositado tantas esperanzas.

¿Y por qué desean el fin del mundo? Estas personas ansían el Apocalipsis por varios motivos. Algunos porque han visto este acontecimiento en películas o series, y desean vivirlo también. Otros, porque sienten un mayor temor por no saber cuándo será el fin del mundo más que por el propio fin del mundo.

Una cuestión que debemos plantearnos en la actualidad es si creemos que nuestra mente podría deshacerse de los prejuicios y temores que conllevan el conocimiento estos mitos.

La lista de supuestos apocalipsis es infinita, pero hasta ahora son simples mitos, unos mitos poderosos que pueden influenciar a los seres humanos. El fin del mundo no es únicamente una catástrofe, sino que es una purificación que da sentido a la civilización humana al predicar un final necesario para tranquilizar al hombre.

Daniela Fernández y Saúco Sánchez

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