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Revista digital del IES Las Lagunas

Electra

INTRODUCCIÓN

 

Los mitos nos cuentan de una forma simbólica las historias de personajes extraordinarios cuyas actuaciones son  ejemplo y enseñanza para quienes  ya no pueden participar del  pasado glorioso en que se desarrollaron aquellas aventuras.

Los mitos griegos  tienen además la peculiaridad de no estar incluidos en un libro sagrado por lo que, a lo largo de toda la historia, se han reinterpretado en el arte, la literatura y otros campos del saber como un código bien conocido por todos.

Los trabajos realizados por los alumnos de Griego de primero de Bachillerato son una pequeña reflexión sobre los personajes, dioses y hombres,  que participaron en la guerra de Troya. A veces se han alterado algunos detalles, pero no se ha perdido su esencia, pues salvando las distancias, los mitos nos cuentan historias profundamente humanas. 

 

 electra

 

 

Mi nombre es Electra. Soy hija de Agamenón, rey de Troya. Mi madre es Clitemnestra, hermana de Helena y mi hermano Orestes.

Mi madre perdió la esperanza de que mi padre volviese de la guerra muy pronto, lo que me hizo sospechar de Egisto, que solía venir a casa muy frecuentemente. Un día decidí espiarles para saber qué hacían. Lo vi todo. Mi madre se estaba acostando con él. Asustada decidí ir a la cocina y tomar agua para poder tranquilizarme. No me lo creía. Sospecho que me pillaron, ya que el comportamiento de los dos cambió por completo, disminuyeron sus visitas sexuales.

Recuerdo perfectamente aquel día. Mi padre había llegado triunfante de la guerra. Me asusté mucho porque mi madre no aparecía, suponía que estaría con Egisto y, la verdad, no quería que mi padre se enterase de esa manera, así que decidí distraerlo con mi hermano y golpear la puerta para que este se fuese. Un día salí al mercado a comprar y cuando volví vi a mi padre tendido, desangrado. Ya no sabía qué hacer.

Quería venganza, pero no quería involucrar a mi hermano, así que confié en un amigo mío y él se lo llevó hasta que todo pasara. A Egisto le convenía mantenerme viva y en silencio.

Me mantuve pensando mi venganza mucho tiempo, tenía que ser calculadora y fría. Un día lo intenté, me acerqué a él por la espalda, pero lo intuyó y se giró, yo solo sonreí y me fui.

Días después estaba en mis aposentos leyendo un libro cuando, de repente, mi vista se centró en mi amigo, Octavio que se dirigía hacia mí. Cuando estuve lo suficientemente cerca vi una caja que sostenía con las manos. Le miré con un montón de dudas rondando por mi cabeza, esperando que no fuera lo que más temía. Efectivamente, esa caja dorada con relieve de unas flores azules, contenía las cenizas de mi hermano Orestes.

A continuación, mi madre apareció en mi campo de visión no pasaba por alto la feliz sonrisa que tenía en su rostro. No comprendía por qué estaba tan feliz. Su hijo había muerto.

Una noche, yendo para mi habitación oí un sonido, era ¡Orestes! No me lo podía creer, fue lo mejor que me había pasado en estos años tan nefastos. Me hizo una señal de silencio, pero yo no me podía contener y en ese momento mi madre se despertó y se dirigió a mi aposento, por lo que tuve que esconder a mi hermano en el armario. Me hice la dormida como si nada hubiese pasado, pero estaba contenta.

Cuando encomendé a mi hermano a Octavio era muy pequeño y apenas le pude dar explicaciones, así que decidí contarle todo lo sucedido mientras él no estaba. Una vez hecho se puso furioso. No se imaginó nunca que su padre hubiese muerto de esa manera tan fría, nunca le había visto en su mirada tan tierna unas lágrimas de impotencia, como si tuviese sed de venganza. Poco después me lo confirmó, quería planear un asesinato doble, aun así, el seguiría queriendo a su madre, pero no podía perdonarle tal traición.

Mi hermano no quería que yo estuviese a la hora del terrible crimen, pero yo decidí estar por si las cosas se complicaban. Estaba preparada para todo. El gran día llegó, era un domingo y como de costumbre íbamos al cementerio a cambiar las flores y a saludarlo. Fue especial ya que sabíamos que por fin íbamos a honrarle. Todo ocurrió así, era de noche Egisto y madre estaban juntos en su habitación. Mi hermano sostenía un cuchillo, Egisto estaba encima de mi madre, mi hermano se acercó sigilosamente por la espalda sin que se dieran cuenta. A mi hermano no le tembló el pulso, lo cogió del cuello y se lo pasó de lado a lado, empezó a desangrarse rápidamente. Vi la cara de mi madre. Estaba realmente asustada y no sabía qué hacer, se abalanzó hacia mi hermano para quitarle el cuchillo, pero no lo consiguió y mi hermano, con lágrimas en los ojos, la apuñaló hasta que se cansó. Una vez cometido el asesinato me acerqué a mi hermano y por fin fuimos felices. Era hora de recogerlo todo.

Años después tras los hechos acaecidos, mi hermano fue arrestado. Cuando él forcejeó con mi madre, se cortó con la mala suerte de que en la ropa interior que llevaba ese día mi madre le cayó una gota de sangre de él, así que sin poder hacer nada fue condenado a muerte. Me quedé sola en la vida, entre en depresión y caí en el alcohol.

Pasados los años, una vez recuperada de la muerte de mis seres queridos encontré el amor, se llamaba Cyrano. Él me comprendía muy bien, sabía todo lo que yo había pasado y por ello me enamoré de él. Tuvimos tres hijos llamados Dasha, Diacono y Delbin, eran extremadamente tiernos. Por fin tuve la oportunidad de ser feliz.

         

Anggie Escobar

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