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Revista digital del IES Las Lagunas

El crepúsculo y la espada

Los relatos de ficción, si se ambientan en mundos maravillosos, poblados de seres fantásticos y con motivos tan populares como el poder, la lucha entre el bien y el mal, o la venganza siempre han atraído a los jóvenes adolescentes y a los no tan jóvenes.

Aquí os presentamos una narración que cuenta con todos estos ingredientes, pero en la que el dilatado paso del tiempo convierte al protagonista en un ser ambicioso que se prepara para cumplir su único deseo: la venganza.

 

 

 

EL CREPÚSCULO Y LA ESPADA

 

 

Antes de la misma creación del universo había dos grandes guerreros: el Señor del Crepúsculo, con su espada capaz de controlar el tiempo; y el dios Sol, con su espada llameante. Los dos se batieron en duelo por el control de la Vía Láctea.

Después de una lucha encarnizada, el Señor Crepúsculo cayó y su espada se perdió en el espacio y con ella el Crepúsculo. El dios Sol tomó el control de la Vía Láctea.

Un día, Gromlu, un niño tranquilo, hijo de los enanos de las montañas, con padre herrero llamado Hogtalu y madre panadera llamada Frigagta, paseaba por un campo de verdes castaños y gran cantidad de fauna.

De repente, se encontró con unas puertas con runas extrañas. Al poner la mano en las runas, la puerta hizo un gran estruendo mientras se abría. Gromlu entró fascinado por el hallazgo que había hecho, las paredes estaban llenas de runas antiquísimas y en el centro de la sala un pergamino. Ese pergamino contenía la clave para encontrar la espada del Señor del Crepúsculo y a su respectivo dueño y devolver el crepúsculo a la tierra de Trogenler. Al acercarse al pergamino, Gromlu empezó a notar una presencia extraña y de repente se oyó una voz desde la oscuridad que decía: “Vete, vete o te verás involucrado en una guerra que no puedes ganar”.

Al oír esa voz, Gromlu se despertó de un salto, salió a toda prisa de su casa y se fue corriendo a casa del mago del pueblo al entrar en la casa del mago vio a Craggar el Mago. Según llegó, le contó la historia que había soñado al oírla. Craggar se exaltó, corrió a la estantería y cogió un libro con runas. Al verlas, Gromlu recordó las de su sueño y vio que coincidían, Gromlu se quedó sin habla durante unos. Craggar abría el libro a la velocidad del rayo y, después de pasar varias hojas, encontró una página extraña, con un dibujo de dos guerreros antiquísimos peleando. Al llegar a ese dibujo, Craggar empezó a contarle a Gromlu la leyenda del dios Sol y el Señor del Crepúsculo. Después de un rato contando la historia, finalizó y Craggar sólo añadió una oración más: “Quién quiera que sueñe con el Pergamino Sagrado, será el elegido”.

 -El elegido, ¿para qué?- preguntó Gromlu.

 -Para recuperar la espada del Señor del Crepúsculo y así devolver el  crepúsculo a Trogenler- respondió Craggar.

 -Crepúsculo, ¿qué es eso?- preguntó Gromlu, extrañado.

 -Pronto lo descubrirás. -Respondió Craggar con tono misterioso.

Cuando terminaron de conversar, Craggar tiró delante de Gromlu el baúl. Era antiguo, estaba lleno de polvo y, por alguna extraña razón, brillaba.

Al abrir el baúl salió una nube de polvo que envolvió toda la sala. Un rayo de luz salió del baúl, disipó el polvo y la luz no se podía mirar. De repente la luz se apagó y salió una pequeña bola de zormio. Craggar le explicó a Gromlu que, en caso de que estuviera en peligro, gritara “Kragtarog” y la bola te ayudaría.

 -¿Cómo?- preguntó Gromlu.

 -Descúbrelo.- respondió Craggar sonriendo.

A esa hora ya estaba amaneciendo y Gromlu corrió a su casa para que sus padres no se dieran cuenta de que se había ausentado en mitad de la noche.

 Al llegar a su hogar, vio que sus padres no estaban. Fue raudo a buscar a su madre a la panadería y no la encontró. También fue a buscar a su padre a la herrería, pero no estaba. Al salir de allí, Gromlu se encontró con un grupo de Habskuknianos, unos seres de las profundidades de la tierra, cubiertos de rocas y con grandes espadas de piedra.

 -¿Qué queréis?- les preguntó Gromlu atemorizado.

 - Ven con nosotros.- contestaron los Habskuknianos.

En ese momento, Gromlu salió corriendo preso del miedo. Cuando se dio cuenta de ello, vio que estaba otra vez en la herrería y que el grupo de Habskuknianos le pisaba los talones. En un alarde de valor Gromlu cogió una espada de la herrería y peleó con los Habskuknianos, consiguió derrotar a uno, cortándole la cabeza, al ver que no podía con los otro tres. Uno del grupo le tiró la espada y le dejó desarmado ante esa situación Gromlu recordó la bola que le dio Craggar, la sacó de su bolsillo, la levantó y gritó “Kragtarog”. El silencio se apoderó de ese momento. La bola soltó un rayo de luz que cegó a los Habskuknianos y un rugido ensordecedor, y con el segundo, de la nada apareció una bestia parecida a un lobo, de color azul, con un tamaño colosal y con pinchos por todo el cuerpo.

Kragtarog atacó a los miembros del grupo, cogió a uno de ellos y lo zarandeó con la boca hasta desmembrarlo, a otro le atravesó con sus pinchos y el tercero, ya que Gromlu no sabía que los Habskuknianos podían controlar la piedra. El último del grupo invocó un conjuro extraño.

La tierra empezó a temblar y el Habskukniano empezó a absorber piedra del suelo y se convirtió en un golem de piedra enorme.

Kragtarog y el golem empezaron a pelear. Kragtarog intentó clavarle sus pinchos al golem, pero no pudo hacerlo ya que estaba hecho de piedra.

Mientras tanto, Gromlu observaba la pelea desde la ventana de la herrería de su padre.

Kragtarog, al ver que sus ataques eran en balde contra el golem, abrió sus fauces y del interior de su boca salió un rayo que atravesó al golem. El golem, al estar vencido, se le cayeron las piedras. Gromlu salió de la herrería y vio encima del montículo de piedra el cuerpo del Habskukniano con un agujero enorme en el pecho producido por el rayo.

Al oír tal combate, las autoridades de Trogenler acudieron a la escena del combate. Cuando Gromlu veía que se acercaban, se subió a lomos de Kragtarog y salieron raudos de la ciudad hasta llegar a una gran llanura. Al bajar de Kragtarog, Gromlu se fijó en que tenía una nota clavada en uno de los pinchos y empezó a leerla.

En ese momento, se dio cuenta de que esa nota pertenecía a uno de los Habskuknianos que Kragtarog había matado y de que era una nota del dios Sol. Se quedó sorprendido al ver que había mandado a ese grupo a matarle solo por haber tenido un sueño de lo más extraño.

Al anochecer Kragtarog se volvió a meter en la bola a descansar de la pelea y Gromlu volvió a su casa. Al abrir la puerta de su casa, se encontró a sus padres desmembrado, colgados con cuerdas al techo y el suelo ensangrentado. Gromlu montó en cólera, abandonó la ciudad y no se le volvió a ver hasta que pasaron diez años y volvió convertido en el guerrero mejor entrenado y más despiadado de todo Trogenler.

Volvió a casa de Craggar el Mago para pedirle que le contara dónde se escondía el dios Sol para ir a buscarle y matarle. Craggar le contó que el dios Sol vivía en la Cueva de Borjender y además allí tenía la espada y la armadura del Señor del Crepúsculo.

Al oír eso, Gromlu se encaminó hacia la cueva. Pasaron dos días hasta que llegó. Al llegar a la entrada de aquel lugar Gromlu, sintió un calor terrible que provenía del interior. Al entrar, se encontró con un río de lava delante de él, del cual salían Habskuknianos cubiertos de lava. Gromlu sacó su hacha de Krogtonglio y se peleó con ellos. Los venció sin problema, pero recibió algunas heridas por culpa de la lava y continuó por la cueva. Entró en un pasadizo totalmente oscuro. Lo único que veía era una pequeña luz al final. Cuando llegó hasta ella, se encontró al dios Sol rodeado por sus secuaces y al final de la sala, en un rincón, divisó una piedra enorme y transparente con la espada y la armadura del Señor del Crepúsculo en su interior.

 -¿Qué haces aquí?- le preguntó el dios Sol.

 -He venido a matarte y a por la espada- respondió Gromlu con decisión.

El dios Sol se rió burlonamente, mientras mandó a sus secuaces furjonianos, unos seres de agua parecidos a espectros. Gromlu, al intentar defenderse contra ello, falló, ya que eran intangibles. Gromlu recordó que en esos diez años había aprendido algo de magia, gracias a Craggar.

Mientras veía cómo volvían a por él, Gromlu cerró los ojos y pronunció unas palabras extrañas e inmediatamente se formó debajo de los furjonianos un sello mágico que consiguió encerrarlos en una bola de aura.

Al ver eso, el dios Sol se levantó de su trono, desenvainó su espada llameante y anduvo hacia Gromlu. Cuando el dios Sol se acercaba, Gromlu corrió hacia la piedra donde estaban la espada y la armadura y, con su hacha, golpeó la piedra intentando romperla. Al ver que es en vano, el dios Sol soltó una carcajada mientras decía con un tono de superioridad:

 -Iluso, esa piedra solo puede romperla un dios.

Gromlu se quedó parado ante la piedra. El dios levantó su espada y la movió a toda velocidad. En ese momento Gromlu se apartó y el dios, por error, rompió la piedra. Mientras el dios se lamentaba por lo que había hecho, Gromlu se puso la armadura, cogió la espada y gritó. Kragtarog, la bestia, vuelve a aparecer y el dios Sol invoca de la nada un dragón de fuego.

Gromlu y el dios se enzarzaron en una batalla junto con Kragtarog y el dragón de fuego en otra. Gromlu le cercenó un brazo al dios y cuando se resentía por sus heridas, Gromlu le clavó la espada en el pecho. Mientras tanto Kragtarog le arrancó la cabeza al dragón con sus fauces. Después de su muerte, las llamas de ambos enemigos se disiparon. Gromlu divisó el Pergamino Sagrado en el trono del dios Sol.

Al salir la cueva se derrumbó y Kragtarog volvió a la bola. Al día siguiente Gromlu buscó el templo de su sueño para guardar el pergamino a buen recaudo, y él se convirtió en el nuevo Señor del Crepúsculo, ya con la muerte de sus padres vengada y la paz y el crepúsculo devuelto a Trogenler.

David Franco.

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