LLMAGAZINE

Revista digital del IES Las Lagunas

Relato

Normalizando el paso del tiempo

 

El sonido de despertador retumba en mis oídos. Abro los ojos, despertando en la cruda y miserable vida, que tenemos que seguir cada día. Hago la rutina, que para mí, es la más aburrida de todo el día.

Vestirse; arreglarse; y desayunar, todas las mañanas lo mismo. No hay nada nuevo, ni tampoco se puede crear.

Salgo de mi casa para dirigirme a lo que puedo llamar “felicidad”, pero mi alegría se esfuma al ver en las puertas del instituto, al sujeto que siempre está a las 8:15 de la mañana en el mismo lugar, todas las mañanas. El abusón que hace que, mi vida sea un infierno. Agacho la cabeza y repaso todas las bromas que ya me ha hecho.

Golpearme; insultarme; hacerme sentir inferior que él; crear un sentimiento en mí, que se denomina como “miedo”, pero hoy, consigo salir ileso de su grupo de matones. Solo, con un labio partido y sangre chorreando de él. 

Las clases hacen que me desestrese, de todas las cosas en general. Para mí, es como abrir un libro, pero no para ir a un mundo imaginario y fantástico que cualquier persona desearía vivir en él si fuese posible, no, abrir un libro para adquirir conocimientos desconocidos e interesarse por ellas. Intentar entenderlas con determinación, y sin perder la esperanza, de poder conseguirlo. 

Lengua, mi asignatura favorita, no soy ni mejor, ni el peor, soy… Uno del montón, como siempre, pero estoy feliz, de poder expresarme tal y como soy, como pienso o, como quiero que el personaje, de una historia, tome las decisiones correctas y sin tener luego malas consecuencias.

Música. Me apasiona componer letras de canciones, crear nuevos ritmos que antes ni existían,  pero sigo siendo normal en ella. Te preguntarás tú, el que está leyendo mi historia ¿Qué es “normal”? Para mí, no hay un significado exacto para esa palabra cada persona piensa que “normal” es la forma correcta de actuar o de hacer algo en general… No? Para mí es la palabra más extraña y difícil de definir que puede existir.

Salgo de clase y, me encuentro con los abusones una vez más en el día de hoy, parece que no se quedaron a gusto con lo de antes y, ahora quieren continuar. Golpean mi estómago lo patean escupo sangre y me dejan diversos moratones por todos los lados no visibles de mi cuerpo pero, un moratón morado, adornada mi mejilla, al lado de mi boca, sabor a hierro y, sangre que brotaba de mi nariz. Me limpio la sangre, provocando que llegué tarde a la clase de inglés.

A duras penas, el profesor me deja entrar y me preguntó que, qué me había pasado,  pero lo único que fui capaz de contestar fue que, me caí por las escaleras y me hice daño. Varios de mis compañeros me miraron con pena y otros con diversión. Me siento en mi sitio y, mi compañero intenta sonsacarme información de lo que sucedido realmente, pero falla terriblemente.

Mientras hacía los deberes que había mandado el profesor, no paraba de fallar en todo y la sangre brotaba de mi boca y nariz a lo cual, suelto un insulto a la nada sin venir a cuento, yo inocentemente miro al profesor y empieza a chillar a voces en medio de la clase, me encojo, sintiéndome humillado una vez más, mientras que de fondo, varias risas divertidas llegaron a mis oídos sintiéndome peor aún. Ya no era ni humano ni siquiera sino, un trozo de carne, que todo el mundo podía usar a su antojo pero, sin nadie preocuparse de mí. 

La campana del recreo se hizo presente y todos salieron corriendo, salvo yo, porque el profesor me siguió regañando pero ya, hacía caso omiso a sus comentarios, no me importaba lo más mínimo que opinaba de mí o de mi educación. 

Salgo del aula y corro hacia el baño, me encierro en un cubículo y suelto todo lo que he estado aguantando desde esta mañana. La tristeza y la pena, que consumian mi dulce y pequeño corazón. 

Las lágrimas empiezan a mezclarse con la sangre, creando una sustancia espesa y cristalina y al mismo tiempo de color carmín que caía al suelo, ensuciándolo. Miro el reloj, las 11:30

Ni medio día llevo y ya no puedo soportarlo más, empiezo a llorar una vez más y a maldecir a todo el mundo en mi cabeza. A los abusones, al profesor de inglés, al tiempo por existir. Mi mayor miedo es el tiempo, no sabes por qué está ahí y para qué, pero está. Marca la hora de la vida y de la sentencia final, marca la hora de algo desconocido, marca el recorrido que hace una persona, marca el sufrimiento, el dolor, la angustia del corazón al ser comprimido por la culpabilidad, marca muchas cosas que, una persona nunca se ha parado a pensar. Para él o ella ¿Qué es el tiempo?

Mientras como algo, empiezo a escuchar una música a través de mis auriculares oscuros.

Sigo siendo aquel niño sensible,

Que lloraba por todo,

Le irritaba cualquier bronca,

Se sentía incomodo.

Aquel crío, que da las gracias por cualquier tontería,

Si no fuera por esa criatura dime.. ¿Quién sería?.

Amable, simpático y a veces hasta parecía un santo,

No buscaba mal por un bien, un tanto, por un cuanto,

No deseaba lo peor para las personas, aunque fueran enemigas,

Con la verdad por delante, no soportaba las mentiras,

Aunque.. No era tan bonito como lo pintaba.

 

Me escapaba de casa dejando, una nota escrita sobre la almohada,

Papá y mamá no aguanto más vuestras discusiones, 

Me quitáis las ganas de vivir, mi infancia, y mis ilusiones,

 Nunca se metían con nadie, pero si se metían con el,

Era un chico con complejos, hoy sigo siendo un aquel. 

perdí la confianza con el paso de los años 

Y en mi papel sigo preguntándome ¿Por qué lloras?

 

Tener amigos a los que no les importas,

Amigos, alma y corazón, decidme ¡¿Dónde estáis!?,

Por favor donde os habéis metido, no quiero q os vayáis,

Os he perdido con el paso de las horas, de los días,

De los meses, de los años, momentos en los cual vivía,

El tiempo pasa y los dados me hacen avanzar la partida.

 

Ahora sigo siendo aquel chico algo cambiado en el juego de la vida…

La música fue interrumpida por el timbre del fin del recreo, salgo del baño y continúo mi camino.

 

Terminan las clases y salgo por la puerta delantera del instituto, para no encontrarme con los abusones, pero mi ilusión se deshizo en cenizas al verlos ahí. Me llevan hasta un lugar apartado de toda la gente y empiezan con una nueva golpiza, mucho peor que las dos anteriores de esta mañana.

Se alejan de mí riéndose y dejándome con un charco de sangre debajo de la boca, donde salía de ahí la sangre. Intento levantarme y empiezo a caminar lento hacia casa, intentando no perder el conocimiento en medio de la calle.

Después de un largo camino, que se me hizo eterno, llego a casa y lo primero que escucho son los gritos de mis padres discutiendo como siempre, parece que nunca piensa en mí y hacen como si yo no existiese pero sin más, me voy a mi cuarto, encerrándome en él. Me pongo mis auriculares y continúo escuchando música melancólica y deprimida, sintiéndome cada vez más identificado con las letras de esas canciones.

El sol empezaba a caer por el horizonte y decidí parar la música y ver el hermoso atardecer que daba por sentado el fin del día y, cuando por fin se fue el sol, la luna se hizo en el otro extremo del cielo. 

Existe una historia que cuenta, que el sol, era un hombre muy amable, y que destacaba por su físico mucho, y la luna, una bella mujer, que destacaba en ella la sabiduría y la inteligencia. Sus familias se odiaban pero, la única forma de poder verse era en la orilla de un río que separaba una casa de la otra. El hombre veía en todos los atardeceres a la joven dama al otro lado de la orilla y la mujer, veía el hombre todos los amaneceres de su vida. Tal fue la atracción que, un día la mujer intentó cruzar el río para ver al hombre pero,  por culpa de la fuerte corriente del río termino falleciendo en la otra orilla. Cuando el muchacho quiso cruzar al otro lado del río para ver a su amor, murió por culpa de las rocas que poseía el río, rompiéndole todos los huesos que un cuerpo humano podía poseer, provocando así que, el cuerpo del hombre estuviese en la orilla de la joven mujer y, el cuerpo fallecido de la mujer, estuviese en la orilla del hombre.

Me acuesto en la cama y me duermo, adentrándome en un mundo perfecto, porque en él, puedo tomar mis propias decisiones y ser consciente de las consecuencias de cada acto, ser el que manda en el mundo, tener todo el poder, ser un héroe en la vida “real”, ser el más fuerte, el mejor pintor o, inclusive, el mejor escritor que jamás había podido existir. 

Pero siempre antes de dormirme me cuestiono 3 preguntas.

¿Qué es “normal”?

¿Qué y por qué existe el tiempo?

Y la razón por la que sigo levantándome 

cada mañana para vivir un infierno de vida.

Pero todo eso cambió cuando, esa misma mañana, me disparé en la cabeza. Terminando con mi vida y deseando que en la siguiente que tuviese sea mejor que esta que viví. 

 

Escrito por: Sara Torrico Barbeiro (2ºB)